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El “más allá” y el “más acá” (Parte II)


Tal y como mencionaba en el primer artículo “Cuando el “más allá” está “más acá” ”, creo firmemente que sucede lo mismo con los animales, pero personalmente considero que éstos nunca quedan “atrapados” como los humanos.


Los animales llegaron a este planeta hace alrededor de 640 millones de años. Los seres humanos, hace sólo unos 2.5 millones de años. Un animal nunca necesitó de un humano para “ir a la luz”…si el humano se queda atrapado en ese “Kâma loka” o “Devachan” (sánscrito) es sencillamente porque somos humanos, somos mentales y cerebrales…Y nosotros sí necesitamos en ocasiones una ayuda externa para darnos cuenta de que nuestro cuerpo ha desaparecido en la materia.


Cuando un animal fallecido se presenta a mí a través de una comunicación con un animal vivo es sencillamente para enviar amor y serenidad a sus responsables, en muchas ocasiones por desgracia teñidos de tristeza y de culpabilidad…es un guiño hacia aquél o aquélla que cuidó y amó al animal hasta su desaparición.

Es muy usual que, durante una comunicación con un animal, sea éste un perro, gato o caballo por lo general, me muestre a un amigo que ya no está, pero con el que sigue jugando en el jardín o durmiendo juntos en el sofá. En ocasiones el animal fallecido nunca ha coincidido en el espacio-tiempo con el animal con el que comunico y, en ese caso, ese mensaje, ese guiño sería más para el responsable. Es una manera de decirnos que, de un cierto modo, siguen aquí, a nuestro lado.


Recuerdo dos ocasiones que me dejaron muy sorprendida…Sucedieron a unos meses de intervalo. En ambos casos yo estaba haciendo una comunicación animal cuando, de repente, un caballo – en una comunicación – y un gato – en la otra – se presentaron sin haber sido invitados. En ambas ocasiones pensé que eran animales que habían vivido con el animal con el que hacía la comunicación y, al hablar con los responsables, en ninguno de los dos ejemplos, conocían a estos dos animales…


Un error mío, me dije…


Cuál fue mi sorpresa que, al día siguiente los responsables de ambos animales me llamaron para comunicar con sus animales fallecidos. Lo más curioso de todo fue que en el preciso momento en el que escuché las voces de las mujeres supe que era la responsable del caballo o la responsable del gato que se presentaron a mí el día anterior.

En estos casos, los animales fallecidos perciben de un lado el/la responsable y su deseo de comunicar con ellos. Por otro lado, perciben los canales abiertos que dejamos durante las comunicaciones para así “colarse” y presentarse a nosotros.


El Universo y lo Sagrado hacen el resto…


Creo firmemente que todos estamos conectados. Todos venimos de la misma fuente. Estemos aquí o allí, pero siempre conectados.





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